Llevo meses leyendo un libro acerca de la psicomagia y cada página me lleva a dimensiones distintas, siempre con las ganas de transformarme en uno de ellos. Hay citas a otros libros que he leído, como Las Enseñanzas de Don Juan. Se relatan cirugías realizadas por chamanes, machis, etc. donde el fin del autor es descifrar la farsa que se cometía en el acto de sanación y muchas otras cosas que sin duda están fuera de los límites de nuestras creencias condicionadas.
El libro lo recomiendo, para leerlo con calma.
Es entretenido y trae hartas historias extremas muy semejantes a mi infancia y relatos acerca de curaciones psicomágicas; esta es la razón porque Cristian me regaló este libro: “acá encontrarás tu infancia relatada por un tercero”. Efectivamente, también a veces seducido por lo “misterioso y esotérico” experimenté momentos fuertes y aterradores, que a la fecha no he vuelto a intentar. Creo haber vivido a concho muchas etapas acá descritas, sin saber donde estoy ahora.
En fin, es una larga historia para contar. Acá un extracto del libro acerca de MECANISMOS DE ESCAPES:
“El cerebro humano reacciona como un animal, defiende su territorio identificándolo con su vida. Forman parte de este espacio, que delimita con su orina y excremento, sus padres, sus hermanos, sus parejas, sus colaboradores y, sobre de todo, su cuerpo. ¿Quién es el dueño? Un individuo con limitaciones que corresponden a su nivel de conciencia. A más alto nivel de conciencia, mayor libertad. Pero para alcanzar ese grado, donde el territorio no es unos cuantos metros cuadrados de terreno o un pequeño grupo de asociados, sino el planeta entero y la totalidad de la humanidad, y más aún, el universo entero y la totalidad de los seres vivientes, es necesario antes que nada cicatrizar la herida primera, desprenderse del condicionamiento fetal, luego familiar y por último social. El consultante, para llegar a esta mutación donde, habiéndose abandonado el pedido, se vive con agradecimiento el milagro de estar vivo, debe hacerse consciente de sus mecanismos defensivos. Mecanismos que todos los animales emplean para escapar de sus rapaces enemigos. Ellos saben enquistarse y también hacerse los muertos. Se enrollan en si mismos, se cubren con capas quitinosas, se entierran en el barro, detienen su respiración y los latidos del corazón. El ser humano hace lo mismo: se paraliza, se encierra en un sistema repetitivo de gestos, deseos, emociones, pensamientos, y vegeta en esos estrechos límites rechazando toda nueva información, sumido en una incesante repetición del pasado. Para huir de las profundidades, vive flotando en un tejido de sensaciones superficiales, la mayor parte del tiempo anestesiado… Los animales saben mimetizarse, hacerse semejantes al medio en el que viven. El camaleón cambia de color, algunos insectos parecen hojas de árbol a ciertos mamíferos la piel les crece con el color del terreno que habitan. También una gran cantidad de seres humanos, descartando su natural diferencia, se hacen iguales al mundo que los rodea. Se prohíben el menor rasgo de originalidad, comen lo que todos comen, se visten siguiendo la moda de más auge, utilizan un acento y unos giros idiomáticos que indican su indudable pertinencia a un grupo social, forman parte de la masa que desfila blandiendo el mismo libro rojo o haciendo el mismo saludo con el brazo extendido, o vistiendo el mismo uniforme. Dependen por completo del parecer, relegando a las oscuridades de sus sueños el ser… Cuando los animales se sienten atacados, pueden agredir. El miedo de conocerse a sí mismos, aunado al terror de ser despojados de aquellos que creen poseer, entre otras cosas su forma de vida, lo que implica un doloroso encuentro con la llaga esencial, puede convertirse a los humanos en asesinos. En otras especies animales, ante el ataque, la principal defensa es la huida. En el antiguo tratado de estrategia china Las 36 Estratagemas se dice:
‘La fuga es la política suprema. Conservar la fuerzas intactas evitando un enfrentamiento no es una derrota’. Estas personas no quieren saber nada de sí mismas, abandonan un tratamiento a la mitad, se autojustifican constantemente, luchan siempre por tener la razón y demostrar que los otros se equivocan; se entregan a un vicio, desarrollan manías y obsesiones; a veces, para no enfrentar a sus problemas familiares, se van a vivir a un país lejano, usando la distancia como calmante. A la Fuga, a veces, se une la automutilación: la lagartija escapa cortándose la cola. Mi amigo G.K., excelente escritor francés de novelas de ciencia ficción, en pleno éxito literario tuvo una decepción amorosa, la mujer de sus sueños se casó con otro. G.K. decidió dejar para siempre de escribir. En forma metafórica, se castró. Van Gogh se cortó una oreja, Rimbaud expulsó a la poesía de su vida. Algunos se apartan de sus seres u objetos queridos, otros se mutilan en operaciones de cirugía estética, dilapidan su fortuna…”
“No sé a dónde voy, pero sé con quién voy.
No sé dónde estoy, pero sé que estoy en mi.
No sé qué es Dios, pero Dios sabe lo que soy.
No sé lo que es el mundo, pero sé que es mío.
No sé lo que valgo, pero sé no compararme.
No sé lo que es el amor, pero sé que gozo tu existencia.
No puedo evitar los golpes, pero sé como resistirlos.
No puedo negar la violencia, pero puedo negar la crueldad.
No puedo cambiar al mundo, pero puedo cambiarme a mi mismo.
No sé lo que hago, pero sé que lo que hago me hace.
No se quién soy, pero sé que no soy el que no sabe.”
Bueno, eso…. carlos